por Manuel Mojica 

En la economía, las acciones individuales de cada persona no son hechos aislados. Cada decisión que se toma responde a un contexto social, cultural y político que favorece o vulnera a distintos grupos de personas.

Este contexto puede – y en algunas ocasiones, debe – ser intervenido desde el sector público para fomentar las condiciones económicas que desee imponer la fuerza política de turno.

Una serie de acciones afirmativas puede llevar a un ciclo virtuoso, mientras que la negligencia puede llevar a un ciclo vicioso, propio de una economía poco competitiva.

Aún en un ciclo económico virtuoso existen múltiples condiciones que ponen en desventaja a las mujeres, principalmente asociadas a la cantidad de dinero que reciben por su trabajo y la posibilidad que tienen para integrarse a ciertos sectores productivos.

Aunque el Reporte Global de Brecha de Género 2017 – del Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) – reconoce que Costa Rica tiene altos indicadores en Educación, Salud y supervivencia; no se contiene en admitir que tiene un mal desempeño en Economía y Política.

Mujeres en la Economía

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Ese reporte global señala que, en Costa Rica hay un 26,2 % de mujeres jóvenes que ni estudian ni trabajan. Un 11,5 % de mujeres adultas no trabaja. A un 56 % de las mujeres que buscan trabajo, no se les empodera lo suficiente. El 43,5 % de las mujeres que trabajan lo hacen en el sector informal.

Todas estas mujeres tienen menos oportunidades que sus pares en acceder a distintos bienes y servicios que son necesarios en su vida cotidiana o por realización personal. También poseen menor posibilidad de ahorro, por lo que tienen una reducción de herramientas para enfrentar una potencial situación poco favorable.

Aún las mujeres que no se encuentran en estos porcentajes, tienen una desventaja frente a los hombres: no existe la paridad salarial. En Costa Rica no hay ninguna ley que regule el pago igualitario por desempeñar las mismas funciones sin importar el sexo de la persona.

Un país que no busca reducir la brecha de ingreso entre personas de distinto sexo, es un país que no se preocupa porque las mujeres tengan mayor participación en la economía.

Mujeres en la educación

El informe del WEF puntualiza que solo el 1,9 % de las graduadas pertenece al sector de tecnologías de la información, el 0,7 % en ciencias agroalimentarias, el 3,8 % en ingeniería y el 0,7 % en ciencias naturales.

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Por su parte, el Estado de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación (2014) perfila que el 57 % de las personas que trabajan en investigación científica en el país son hombres, mientras que el 43 % son mujeres.

Aunque la brecha parezca poca – en un indicador tan amplio – es poco apropiado guiarse únicamente por el indicador cuantitativo.

Hay múltiples elementos de nuestra cultura que dificultan o invisibilizan el trabajo de las mujeres científicas, o les impide acceder a puestos de liderazgo.

Es necesario trabajar en empoderar a las mujeres desde jóvenes para que busquen carreras científicas, pero también apoyar su trabajo en los espacios profesionales. Las redes de cuido – por poner un ejemplo – son buenas iniciativas para evitar que ellas dejen su carrera por asumir responsabilidades domésticas.

Mujeres en la política

Solamente una mujer – Laura Chinchilla – ha ocupado la presidencia de la República. Al término de su mandato, en el 2014, la cantidad de mujeres en la Asamblea Legislativa se redujo de 23 a 19 curules.

Aunque el código electoral busca la paridad de género en los cargos de elección popular, esta acción afirmativa no es suficiente. Mientras una parte del electorado sea machista, inevitablemente habrá votos movidos por el machismo.

Cuando sistemáticamente se complica el acceso a las mujeres a incidir en espacios políticos, es difícil pensar en que existan leyes y mecanismos judiciales que busquen reducir las problemáticas que les afectan de manera directa.

Cuando no hay políticas públicas selectivas que atiendan sus necesidades, no podemos pensar en que se reduzcan las brechas. No podemos romper con círculos viciosos si no hay esfuerzos por cambiar alguna de las condiciones clave. No puede haber un país justo si hay brechas tan grandes.

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