El Observatorio de Violencia de Género contra las mujeres y acceso a la justicia del Poder Judicial nos indica que “el feminicidio es la más grave de las violencias de género…”  Son muertes en manos de su pareja actual o pasada o de cualquier hombre, aunque no medie relación alguna.

Hace 12 años la Ley de Penalización de la Violencia contra las Mujeres fue promulgada en Costa Rica, en ese momento sentimos un respiro muy grande, poniendo la esperanza en que el peso de la ley caería sobre los infractores. Y quizás, se me antoja pensar, que también creímos que sería una forma de disuadir a aquellos que ejercen su poder físico contra nosotras.  Las estadísticas nos quitan la ilusión de golpe.

Para el 2017 fueron 26 feminicidios. Para el año pasado se reportaron 24. No podemos consolarnos al decir que fueron dos menos, porque no debió morir ninguna mujer. No hubo provincia en Costa Rica que no llorara la muerte de alguna de ellas.

Costarricenses, nicaragüenses, europeas: ¿qué más da? Ana, Johelyn, Génesis, Marta: ¿quiénes eran? Tenían entre 13 y 67 años de edad. ¿Tenían todas el derecho a seguir viviendo hasta que la naturaleza las apartara de la vida? Padre, abuelo, novio, pareja, padrastro: ¿tenían ustedes licencia para matarlas?

La empresa privada y la sociedad civil invierten millones de colones en programas de empoderamiento económico de las mujeres, pero no hemos podido llegar al pensum que nos permita enseñarles a las mujeres a denunciar y entablar los procesos legales pertinentes. Y peor aún, a sabiendas del peligro que se corre al liberar al agresor, la justicia no se responsabiliza al final de la recurrencia de los actos, que terminan en sangre y muerte.  Y ¿quién se encarga de esas familias cuyo dolor se mezcla entre la pobreza y la impotencia (en la mayoría de los casos)? ¿Quién consuela a la madre por haber perdido a su hija en manos de quien dijo amarla? ¿Quién explica que un familiar cercano hizo tal daño? ¿O que un extraño la sometiera a golpes para, indefensa, violarla o robarle cualquier pertenencia?  ¿Quiénes se creen ellos al no respetar el grito de “no”? ¿Quién se cree con el derecho de arrancar la ilusión por la vida a una mujer cuya identidad sexual y/o decisión por gustar de su mismo género no es la que él aprueba?

El trabajo está en las escuelas. Creo firmemente en la incorporación de una materia sobre nuevas masculinidades y el empoderamiento de las niñas, y por supuesto de los niños.  Un espacio ojalá lúdico de respeto y solidaridad, donde desde ahí, se logre permear el seno de la familia y comenzar a hacer los cambios que nuestro mundo necesita. Hay un mercado cautivo en las aulas. No sé que tan viable es pretender incidir en los adultos que ya están con una forma de pensamiento casi que escrita en piedra.

Aunque reconozco el buen trabajo que hace el Instituto Wëm y su hermosa misión de “favorecer espacios de reflexión, educación, organización e incidencia social para que los hombres vivan la masculinidad y sexualidad con equidad de género, respeto a la diversidad y los  derechos humanos,  protección del ambiente y con cultura de paz; con nosotros  mismos, nuestras  familias, el trabajo y la  sociedad en general”.  He visto en algunos hombres el cambio de actitudes y paradigmas relacionados con estos temas, pero por más esfuerzo que haga Wëm, no se llega a los espacios y a los hombres que más requieren atención.

Los cambios no pueden esperar. No podemos seguir sumando en las estadísticas ni podemos permitir seguir encabezando la primera plana de un periódico, que titula “19 menores fueron víctimas de femicidio en 6 años”.  Son datos que dan vergüenza, que indignan, preocupan y esperan ser revertidos.  

Por otro lado, leemos que al desempleo se sumaron casi 90 mil personas el año pasado. La tasa en “hombres aumentó 2,4 puntos porcentuales, para alcanzar un 10%; mientras que en las mujeres ese incremento fue de 2,6 puntos porcentuales, y llegó a 14,9% para el último trimestre de 2018”.

Estos datos tampoco ayudan a prevenir la violencia intrafamiliar y en particular contra las mujeres. Pero tampoco el fútbol, la política o cualquier excusa que se constituya en el arma más efectiva de empuñar, en contra de nosotras.

¡Ni una más; ni una menos! ¡En el planeta no sobra ninguna mujer!

YOLANDA FERNÁNDEZ OCHOA | PRESIDENTA
CÁMARA DE COMERCIO DE COSTA RICA

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