Es difícil hablar de empoderamiento económico de las mujeres cuando nos tocó levantarnos este pasado lunes 30 de Octubre con la lúgubre noticia de que la niña Crisley Martínez Rodríguez de 19 años había muerto a manos de su agresor Pedro Arce, quien la violentó durante casi 5 años a vista y paciencia de sus padres, la comunidad, las autoridades… pero finalmente todo es parte de la misma enfermedad, esa que hace creer que las mujeres necesitan de un proveedor para salir adelante, que somos a partir de la pareja, que no podemos solas, que son los hombres los que nos solucionan la vida, cuando la historia ha demostrado con miles de ejemplos que es justamente lo contrario.

¿Qué pasaría si el día de mañana le empezáramos a decir insistentemente a las niñas y mujeres que ellas pueden solas, que no necesitan un hombre proveedor, que pueden liderar sus propias ideas, que tienen derecho a soñar y a proponer un mundo distinto? ¿Qué pasaría si le decimos a las niñas que se pueden enamorar de su compañerito del colegio con el cual puedan andar de la mano y darse besitos sin tener que dar su cuerpo a un viejo cerdo para asegurarse  la vida? ¿Qué pasaría si no vieran nuestros cuerpos como mercancía, objeto de cambio? ¿Qué pasaría si pudiéramos tener más mujeres independientes económicamente que puedan tomar sus propias decisiones y no tengan que sufrir violencia económica o patrimonial? ¿Qué pasaría si dejáramos a las niñas ser niñas y que se construyan con acceso a la educación un futuro para ser mujeres fuertes, independientes y empoderadas?

Decirlo no basta definitivamente, porque las diferencias de género se profundizan y engordan conforme vamos más abajo en clase social y ubicación geográfica, todo es más confuso y cruel con poco acceso a la educación y con las minorías (mujeres con discapacidad, afrodescendientes, LGTBI, indígenas ). No basta con soñarlo o con hablar incansablemente de que las mujeres deben ser independientes económicamente y que, por supuesto,  las niñas son niñas y deben estar en la escuela y jugando, ensuciándose, raspándose las piernas en sus ratos libres porque no paran de correr jugando “Quedó” o “Escondido”. Es necesario crear las condiciones para que esto deje de estar una y otra vez en nuestro discurso y empiece a ser parte de la realidad.

Jamás estamos afirmando que no han existido grandes avances para que las mujeres se empoderen económicamente, pero definitivamente los hogares más pobres siguen siendo liderados por mujeres y no somos parte de la fuerza laboral de manera igualitaria. Los grandes cambios necesitan de un contexto para que sucedan. Y es que parece contradictorio que no existan más mujeres emprendedoras cuando nuestra naturaleza resolutiva y emprendedora ha marcado el desarrollo de la sociedad, esto aunado al hecho que la multiplicación de recursos que sucede en las manos de las mujeres aseguran que nuestro mundo cada vez se encamine más y más hacia un lugar más igualitario, justo e inclusivo.

El International Trade Centre (ITC) afirma que las mujeres emprendedoras reinvierten el 90% de sus ganancias en sus comunidades, invierten en educación, nutrición, gastos del hogar y cuidado de la niñez y personas mayores. Es decir, las mujeres no solo son un ingredientes fundamental para el crecimiento económico de las naciones pero un elemento clave para la lucha contra la desigualdad. Una sociedad mas igualitaria es una sociedad menos violenta, con menos conflicto social, con una ciudadanía más saludable, con acceso a recursos con lo cuales puede dibujar su vida. Es por esto que la estrategia nacional no solo está en la política pública, sino en la educación, el acceso a crédito y el apoyo institucional para que los emprendimientos sobrevivan los terribles primeros años.

Las relaciones impropias entre mayores de edad  y niñas tienen raíces sumamente profundas y causas multidimensionales, pero ¿Por qué no empezamos con quitarle el peso de la espalda a las niñas de su futuro económico? ¿Por qué no les decimos que pueden ser empresarias? Exijamos que las condiciones sean óptimas para ellas, exijamos en el gobierno, en la escuela, en la familia, en las empresas ¿Por qué no le damos la oportunidad que sean emprendedoras de su propia vida? No tienen que ser las dueñas de Microsoft o Apple, pueden ser las dueñas de un salón de belleza, de su empresa de limpieza, de la venta de ropa, pueden ser creadoras de tecnología o emprendimientos sociales… lo importante es que pueden ser independientes, económicamente estables, emprendedoras, lideresas y ser un aporte fundamental para el crecimiento de las nacionales y el motor de la disminución de las inequidades sociales.

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Marysela Zamora | Dirección Ejecutiva Nosotras: Women Connecting
info@fabricadehistorias.com

 

 

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