Llevo 3 años siendo emprendedora y reconozco que he llegado al momento donde mi organización me está pidiendo un cambio. Entender la propia identidad de nuestros proyectos es, personalmente, el reto más grande que he enfrentado desde que inicié.  La verdad es que los proyectos no son nuestros, pertenecen a nuestras comunidades, a nuestro público; sin embargo, lo que sí es nuestro es la creatividad, la ejecución, el liderazgo y el compromiso.

Emprender es una actividad tan apasionante: te plantea incógnitas todos los días, ¿Cómo vas a contribuir al mundo con tus soluciones el día de hoy con los recursos que tenes? – y por supuesto – ¿Cómo lo haces rentable, escalable y de alto impacto? -No hay manera que logres tener respuesta a estas dos preguntas en solitario. Los emprendimientos son creaciones colectivas, si sus lideres y lideresas saben escuchar.

Me explico:  Al inicio las personas emprendedoras tenemos ideas y miles de sueños de lo que queremos, cómo funcionará y cómo todo el mundo podría amar a nuestra empresa. Sí, al inicio. Lo que sucede es que cuando estás haciendo realidad tus ideas, te das cuenta que cualquier actividad que hagas finalmente es una relación con las personas y que una vez que sacas la idea para que encuentre su lugar en el mundo, ya no es tuya o de tu equipo, es de tu público. Ahí es donde empieza lo difícil: empezamos a reconstruir y el cambio es una constante.

Entonces, emprender se convierte en un ejercicio en el cual  hay que destrozar tu ego cada 15 minutos, para reconocer que hay que cambiar para crecer. Las relaciones que desarrollamos con usuarios y clientes son vitales para reenfocar, ajustar, potenciar o renunciar a muchas buenas y malas ideas.

Este nuevo inicio lo tomo como un nuevo comienzo para entender que no siempre tengo la razón, que soy vulnerable como tantas otras mujeres, pero de manera distinta, que no todas las personas piensan o actúan como yo y eso es muy bueno, que la lealtad y el respeto se ganan, no se exigen,  que la vida es un ejercicio de empatía y hay personas que no lo practican así, que encontramos personas que no dan lo mismo por nosotras como nosotras lo haríamos y eso no les hace malas personas, todos tenemos razones para actuar como actuamos,  que la familia la encontramos en nuestros aliados más cercanos, que hay que ponerle un límite a las personas toxicas así sean familiares o colegas, que encontrar nuestro “¿porqué?” es fácil, pero lo realmente  difícil es ser consecuente todos los días con tu misión y -finalmente- que todo siempre va a estar bien y  voy a hacer lo que amo, pero lo haré amándome a mí misma, primero. Las invito a hacer lo mismo.

 

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MARYSELA ZAMORA | DIRECCIÓN EJECUTIVA NOSOTRAS: WOMEN CONNECTING
INFO@FABRICADEHISTORIAS.COM

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